Hay días en que todo se desmorona.
El trabajo se vuelve polvo, los amigos no contestan, el espejo te devuelve una mirada que no reconoces.
Es ahí.
Justo ahí, en ese silencio donde el suelo ya no sostiene, donde la mente se rinde porque no hay respuestas… ahí es donde empieza algo.
Algo nuevo.
Algo que no tiene nombre todavía.
Yo estuve ahí.
Me aferré con los dientes a lo que creía que era yo: mis planes, mis certezas, mis logros reciclados.
Y un día… todo eso se volvió irrelevante.
El vacío no es poético cuando lo estás viviendo. Es crudo. Duele. Pero es real. Y lo real, aunque duela, te despierta.
Los filósofos han hablado de esto durante siglos. Nietzsche lo llamó la muerte de Dios, no como acto de rebeldía sino como el colapso de todo sentido heredado, lo que deja al individuo frente al horror —y la belleza— de crear su propio significado. Kierkegaard lo llamó angustia existencial, esa sensación de vértigo ante la libertad absoluta, cuando uno está al borde de un abismo, y sabe que puede saltar.
El “salto al vacío” no es una metáfora bonita.
Es una estructura psicológica. Es una etapa del proceso de individuación que describió Carl Jung: cuando el yo superficial se desintegra para permitir el emerger del Self, del ser profundo.
El caos, el desconcierto, la pérdida de sentido… no son errores del camino.
Son el camino.
Desde la física cuántica, esto también tiene ecos: el vacío no está vacío. El vacío es un campo de potencial puro, de fluctuaciones invisibles, de partículas que brotan y desaparecen.
Lo que para nosotros es “nada” —para el universo— es una gestación.
Entonces, ¿qué es saltar al vacío?
Es atreverse a no saber. Es permitir que la incertidumbre sea fértil. Es dejar de controlar el guion para que aparezca el verdadero relato.
Como decía el proverbio zen:
“El verdadero camino aparece solo cuando el suelo desaparece bajo tus pies.”
Y es ahí donde te conviertes en alquimista: transmutas la angustia en libertad, la pérdida en posibilidad, el no-saber en sabiduría viva.
Lo que parecía muerte era transición.
Este texto no es para convencerte de que todo saldrá bien.
No.
Este texto es para decirte que no necesitas saber si todo saldrá bien.
Solo necesitas saltar.
Porque lo que te está esperando no es una respuesta,
sino una versión de ti que aún no conoces.
¿Y tú, qué piensas al respecto? Me encantaría leer tu voz en los comentarios.
Me encanto y me ha transformado este post, muchas gracias por compartir Luis.
Gracias.
En verdad es fascinante está información.
A veces los eventos inesperados pueden ser oportunidades. Gracias por compartir
Así es, el vacío no es falta, si no posibilidad.
La incertidumbre de lo q va a pasar después de es lo q aterra pero cuando das ese salto te das cuenta q solo era saltar y avansar seguir adelante y guardar la experiencia
Gracias muy interesante
Completamente, gracias por tu aporte.
Hola me agrado es muy cierto cada palabra y esque el fin puede ser el inicio de algo magnífico. Gracias