La paradoja del Ser y el Ego: ¿Por qué aprecias lo vivido solo después de que ha pasado?

Luis Virrueta

AUTOR:

Luis Virrueta

Psicólogo y Psicoanalista

¿Quién soy?

Piénsalo. Estás de vacaciones en ese destino que siempre soñaste: playa, sol, tranquilidad… pero algo falta. Quizás es que la arena está demasiado caliente, o el Wi-Fi no llega bien, o simplemente no sientes ese éxtasis total que esperabas. Luego llegas a casa, ves las fotos, y de repente: «¡Qué increíble viaje tuve!». ¿Por qué no sentiste eso mientras lo vivías?

Vamos a desmenuzar la paradoja del ser y el ego esto desde una perspectiva más profunda. Hablamos de ser, de estar en el flujo, pero también de la separación que surge cuando el ego entra en juego. La clave está en entender qué sucede en esos momentos en los que simplemente somos, sin intervención del ego.


El estado de «ser» desde la psicología

Mientras estás metido hasta el cuello en la experiencia, tu cerebro está en modo «ser». ¿Qué significa esto? Pues que te olvidas de todo lo demás y simplemente estás siendo, como cuando te comes una pizza gigante después de un día largo: no piensas, solo actúas. La psicología lo llama flow o flujo, pero para nosotros, es el momento en que estamos en modo piloto automático disfrutón.

El truco aquí es que, mientras estamos en este modo de «ser», nuestro ego está tomando un descanso. Es como si el enjuiciador interno, ese que siempre tiene algo que decir, se tomara el día libre. No hay nadie ahí dentro diciendo: «Oye, qué bien lo estás pasando, ¿verdad?». Solo estamos siendo, sin darnos cuenta de lo maravilloso o lo desastroso que es el momento.

El estado de «ser» desde la metafísica

Cuando estás completamente inmerso en una experiencia, lo que en metafísica podríamos llamar el estado de «yo soy» o simplemente «ser», no hay una separación entre tú y lo que te rodea. Es como si desaparecieras en el flujo del todo. No hay juicios, no hay observador. Estás simplemente siendo.

Desde esta perspectiva, la reflexión no es posible en ese estado, porque reflexionar requiere una distancia entre lo que haces y quien eres en ese momento. El ego, en este caso, es el que introduce esa separación. Es cuando aparece el ego que se activa el «enjuiciador», el que clasifica y evalúa lo que vives. Por eso, en el instante de ser, no puedes detenerte a observar: porque no hay separación entre tú y la experiencia. Eres uno con ella.


La paradoja del Ser y el Ego, El enjuiciador: el ego como el observador

Lo interesante es que lo que normalmente consideramos «disfrutar» o «apreciar» un momento, en realidad es el trabajo del ego. El ego nos permite observar y evaluar, pero solo después de que hemos dejado de ser uno con la experiencia. Al volvernos conscientes de lo que ocurrió, clasificamos la experiencia, la etiquetamos como «buena» o «mala», «exitosa» o «fallida».

Cuando estamos siendo, no hay etiquetas, no hay juicio, porque no hay separación. Es solo después, cuando el ego vuelve a tomar el control, que podemos ver con claridad lo que ha pasado. Por eso, cuando miramos hacia atrás, es más fácil apreciar lo vivido: ya no somos parte del todo, ya no estamos inmersos en la experiencia, y el ego puede hacer su trabajo de observación.


El yo soy y la unidad con el todo

Desde una perspectiva metafísica, este estado de «ser» es precisamente un estado de unidad con el todo. No eres un individuo separado observando el mundo desde fuera; eres el mundo, eres la experiencia misma. Es como estar en una ola: no puedes verla mientras la surfeas porque eres parte de ella, pero cuando sales del agua y miras hacia el océano, ahí es cuando puedes verla en su totalidad.

Es por eso que solo podemos «detenernos y ver» cuando ya no estamos siendo. La paradoja es que para observar el momento, necesitamos salir de él, separarnos. Y esa separación solo ocurre cuando el ego interviene. Así que, lejos de lo que muchos podrían pensar, el verdadero estado de ser implica estar tan conectado con el todo que la reflexión se vuelve imposible hasta que esa conexión se rompe.


Paradoja del ser y el ego: cómo afecta tu capacidad de disfrutar el momento.

En resumen, cuando estamos en el momento, simplemente siendo, no hay espacio para la reflexión porque no hay separación entre el yo y la experiencia. El ego es el que introduce esa separación, el que permite que observemos y clasifiquemos nuestras experiencias. Y es por eso que solo cuando ya no estamos siendo uno con el todo, cuando el ego se ha interpuesto, es cuando podemos detenernos y mirar hacia atrás.

La próxima vez que te encuentres en un momento donde parece que no puedes disfrutar del todo, tal vez lo estés haciendo, pero no como tu ego esperaría. Solo cuando te alejes del momento, el enjuiciador se activará, y entonces, podrás ver lo que realmente ocurrió.

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